Opiniones personales acerca de la AI
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| Figura 1. |
English translation, here.
La AI está en boca de todos. Se dicen muchas cosas (buenas y malas) alrededor del tema. Existe un miedo muy válido acerca de que la AI nos quitará el trabajo a todos (especialmente a los que nos dedicamos a la industria de la computación).
De los beneficios y perjuicios en torno a la AI en los ámbitos sanitarios, tecnológicos, laborales o financieros no pretendo hablar en esta entrada. Existen muchas personas alrededor del mundo (la mayoría de ellas expertas) que ya han escrito y hablado de estos asuntos hasta el cansancio. Lo que quisiera abordar el día de hoy es acerca del daño espiritual que está causando la AI en toda la población.
Hace unas cuantas semanas un amigo mío developer me compartía algunos videos acerca de cómo la AI está afectando el rol de los desarrolladores de software. Llamó mucho mi atención que en uno de ellos el youtuber (presentador) se siente como un inútil ante toda esta oleada tecnológica. La AI ahora hace en 2 horas (por ejemplo) lo que a él antes le tomaba días o hasta semanas desarrollar. Para el autor del video, hacer código era un proceso artesanal y ser desarrollador lo definía como persona (algo que enfatiza bastante). Y es aquí donde la Teología del Cuerpo tiene algo importante que decir...
Algunos de ustedes saben que yo estudio actualmente la maestría en Teología del Cuerpo en la modalidad de diploma. Si Dios me lo permite, este año termino el posgrado y formaré parte de la primera generación de egresados de este programa por parte de la Universidad Francisco de Vitoria (Madrid, ES). Empecé a estudiar la maestría porque quería profundizar más en el tema y porque veía que todo lo que hay alrededor de éste se aplica muy bien en las áreas laborales y económicas. Si usted ha llegado hasta aquí y no es creyente (entiéndase cristiano católico o de alguna otra denominación cristiana), quizá esta entrada le resulte conflictuante porque hablaré mucho de Dios. Pero igual puede que la lectura sea de su agrado.
La Teología del Cuerpo nos enseña que Dios nos ve y nos ha creado de una manera que no podemos imaginar, que va más allá de nuestros sentidos y de nuestras propias capacidades humanas. Pero, para poder llegar a ser lo que Dios quiere de nosotros tenemos que dejarnos moldear por él. En la teoría, se escucha muy hermoso todo lo anterior, pero en la práctica cuesta dejarnos abandonar a su voluntad y dejarle a él las riendas de nuestras vidas.
Todos tenemos anhelos y sueños que quisiéramos realizar en diferentes etapas de nuestras vidas, pero hay ocasiones en las que Dios nos propone algo distinto al plan que ya tenemos (y que siempre resulta mejor). Quiero ejemplificar esto de la siguiente manera.- Arturo puede pensar que para él lo máximo es ser el mejor desarrollador de software del mundo, y crea alrededor de su persona una imagen de lo que él considera que es ser el mejor desarrollador de software del mundo (se prepara, estudia, construye su reputación, etcétera). Pero de repente viene la ola de la AI y empieza a desmoronar todo el proyecto que tiene Arturo, y con ello (parte de) su identidad se va diluyendo. Arturo creía que ser el mejor developer del mundo le daba sentido a su vida (y existencia). Él creía que su carrera profesional lo definía como persona. Ahora toda esta tragedia lo hace sentirse inútil y sin saber qué hacer.
Para el mundo nosotros somos alguien en la vida si estudiamos ciertas carreras universitarias, si asistimos a ciertas escuelas de renombre, si pertenecemos a ciertos círculos sociales (generalmente de clases sociales media-alta y alta), si pertenecemos a tales familias, si compramos ciertos bienes y servicios, si vestimos ropas caras, si ocupamos cargos en las más altas jerarquías empresariales y políticas, etcétera. Para Dios no existen las etiquetas ni los títulos. Dios no nos define por lo que nosotros creemos que es valioso para el mundo sino por cómo nos ve. Lo que él ha soñado para nosotros desde un principio es algo indescriptible.
Regresando al ejemplo de Arturo. Podríamos decir que el mundo ha dado ya la última palabra con respecto a su identidad, pero Dios siempre tiene un plan B. ¿Qué tal si Dios ha permitido esta tragedia en la vida de Arturo para demostrarle que por ahí no era el camino que él estaba buscando para su vida? ¿Qué tal si Arturo, si se deja abandonar en Dios, empieza a ser y a hacer lo que Dios ha soñado para él desde un principio? Coloquialmente se dice que Dios escribe recto en renglones torcidos. Dios puede mostrarle a Arturo que a pesar de su tragedia va a haber un bien mayor para él. Quizá más adelante nos enteremos de que Arturo ha creado una aplicación con AI que acierta en los diagnósticos de cáncer en un 99%. La AI es la herramienta, pero la mirada que detecta el sufrimiento del otro solo la tenemos nosotros, las personas. El plan personal ha cambiado por el plan de Dios. Y podemos vislumbrar algo más: El egoísmo se ha transformado en una donación (servicio) para la humanidad.
Claro, decir todo lo anterior se escucha demasiado romántico y fácil de decir. Para poder lograr eso se necesita de un buen acompañamiento espiritual y psicológico. Dios hará el resto. «Ora et labora».
Estamos viviendo unos tiempos demasiado ajetreados y muy utilitaristas (aunque quizá nuestros antepasados hayan dicho lo mismo de las épocas en las que les tocó vivir). El ser humano cada vez está más despersonalizado y carente de propósito y sentido en la vida (aunque poco a poco las personas han estado volcándose nuevamente hacia los temas existenciales y trascendentales). No es mentira que para muchos empresarios los empleados seamos un número más en la plantilla laboral que puede ser reemplazado tan fácilmente. Tampoco es mentira que para muchos de ellos, incluyendo gurúes tecnológicos, tech bros/tech sis, entre otros, nosotros seamos solamente valiosos por lo que producimos y hacemos (¡utilitarismo puro y duro!, como si no fuera suficiente con ser personas). Se decía que la AI nos iba a dar más tiempo para dedicarnos a otras cosas más humanas, pero ha ocurrido todo lo contrario: La gente ahora se ha vuelto adicta a la AI y termina quemándose (y cuando esto ocurre, vienen los problemas psicológicos, emocionales, de identidad y de sentido).
Escribir estas líneas no ha sido fácil para mí. Actualmente me encuentro desempleado, y, como un inmigrante ajeno a la Unión Europea, las cosas se tornan más complejas para mí. Estoy preocupado por mi futuro profesional y personal y veo a la AI con cierto recelo pero a la vez con optimismo. Todo el hype alrededor de la AI me ha puesto a pensar bastante sobre lo que quiero más adelante para mi vida y me ha hecho más humano (¡que vaya falta que hace!). Mi sentido de empatía se ha fortalecido (aunque tengo varios detalles por afinar). Quienes me conocen saben que aún puedo ser muy duro y sesgado con mis comentarios (sigo trabajando en eso). Redactar esto fue, de alguna manera, un automedicamento.
Cuando dejamos a un lado todo lo material (que es efímero), y nos damos cuenta de que somos personas que aman, que sienten, que sufren, que sonríen, que lloran, que se alegran y maravillan por las cosas más sencillas de la vida, ¡que tenemos alma!, nuestro sentido de trascendencia empieza a trabajar y Dios vuelve a recordarnos lo que somos y lo que él ha soñado para nosotros desde un principio.
A como van las cosas actualmente, me preocupa bastante hasta dónde podemos llegar como humanidad. Siempre he creído que la ciencia y la técnica se deben poner al servicio de los demás. Dios nos ha dado las capacidades cognitivas para ello, pero muchas veces nosotros pervertimos todo esto (¡bendito libre albedrío!).
Solamente me queda decir que no olvidemos que somos alma, mente, espíritu y cuerpo. La AI podrá imitar nuestras capacidades cognitivas e incluso físicas, pero no podrá alcanzarnos en alma ni en espíritu. Estas son cosas muy elevadas que solamente Dios puede comprender.



Felicidades Armando por escribir este artículo, es muy cierto la AI ha traído más problemas que soluciones, cuando debería ser lo contrario. saludos!
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